Todo ser humano tiene una serie de necesidades básicas, como son nutrición, protección, afecto, reconocimiento y orden. Y también tiene temores básicos, como perder (posesiones o nuestra identidad), sufrir (física o emocionalmente) y estar solos. Necesitamos sentir que pertenecemos a un grupo y ser reconocidos como parte de él. Para ello, desde niños adaptamos nuestra vida y adquirimos roles y comportamientos  que  nos permitan ser aceptados y sobrevivir.

Es una actitud positiva porque está enfocada a protegernos.

El problema es que cuando crecemos esas actitudes pueden no ser adecuadas.

Si de pequeño mi padre se enfadaba conmigo cuando decía lo que pensaba (“niño,  no digas tonterías”), aprenderé a decir lo que a él le guste para evitar su rechazo, o simplemente callaré. Con esta actitud de obediencia a lo que se espera de mí, evitaré perder su protección, obtendré su reconocimiento, y habré conseguido sobrevivir. De esta manera se creará una estructura energética que me hará comportarme del mismo modo ante situaciones similares.

Cuando posteriormente queramos actuar de otra forma, porque nos parezca inapropiada nuestra actitud silenciosa o inconexa de lo que realmente pensamos, podemos sentir que “quiero hacerlo de otra manera, pero por más que lo intento no lo consigo”

Fue una sabia decisión en ese momento inicial, pero el seguir haciéndolo mientras crecemos nos puede dar verdaderos problemas sociales y de autoestima.

Como esta adaptación que realizamos es un proceso inconsciente, no conocemos el motivo o motivos que nos han llevado a ser reservados o silenciosos, y nos podemos considerar “personas tímidas por naturaleza”, como si nos hubiera tocado pertenecer a ese grupo en un sorteo, mientras otros han sido afortunados  y les han regalado el ser extrovertidos.

Creemos que “somos así”, pero simultáneamente hay otra parte de nosotros que quiere hablar, expresarse alto y claro, decir lo que piensa y siente.

Estas dos partes coexisten y nos rompen por dentro.

Solemos rechazar, e incluso odiar, esa parte que nos incomoda. Odiamos esa parte que “somos”, y ansiamos cambiar, transformarnos. Nos esforzamos para que se produzca esa evolución en una lucha constante, sintiendo que solo hay un perdedor, siempre el mismo, siempre yo. Y podemos llegar a darnos por vencidos: “nunca lo conseguiré”.

Por el contrario, también podemos sentir que esa parte que no nos gusta “no somos nosotros”, que es algo ajeno que nos domina, incluso  que nos posee. Lo sentimos como un “alien” que controla nuestra vida sin nuestro consentimiento, y estamos a su merced. Luchamos contra él, pero nunca vencemos. Lo intentamos controlar, pero es él quien tiene la última palabra. Esto nos hace percibirnos como personas sin fuerza, desvalorizándonos ante nosotros mismos.

Y surge la pregunta: cuando suelte este “algo”, que no soy yo, ¿cómo será el yo que aparezca?

Y otra vez surge el miedo, la duda, y las ganas de quedarnos como estamos, porque “más vale malo conocido que bueno por conocer”.

Tanto el considerar el origen del tema como “yo soy así” o “ese no soy yo (alien)” son dos maneras de concretar una actitud de protección a uno mismo. El fin último de actuar así es evitar las posibles consecuencias de rechazo si nuestra forma de actuar no gusta a los demás.

Tapping/EFT nos permite tomar distancia y ver el “cómo he actuado hasta ahora” y el “cómo quiero actuar en el presente y futuro”, como dos versiones de nosotros mismos que juegan a nuestro favor, dos maneras distintas de comportarnos con la misma finalidad: cuidarnos.

De niño callé para que no me rechazaran en mi grupo familiar, es decir, cuidé de mí mismo, de mi supervivencia. De adulto quiero comunicarme y relacionarme de una forma activa y participativa que me proporcione bienestar, es decir, otra vez es la misma intención: cuidarme.

Tapping /EFT nos ayuda a integrar estos dos aspectos que conviven peleados en nosotros, reconociendo y agradeciendo nuestra actitud del pasado porque nos ayudó y protegió, y dando la bienvenida a esta nueva forma que queremos incorporar.

Sintiéndonos orgullosos por habernos cuidado cuando lo hemos necesitado y por abrirnos a cambios con los que queremos seguir cuidándonos de una manera más madura.

Con Tapping/EFT esta integración se produce de forma armónica, produciendo bienestar y equilibrio. Al ritmo de cada persona, que es la auténtica protagonista.

Iremos estimulando los puntos de acupuntura de los meridianos energéticos, mientras nos conectamos con lo vivido al callar o al decir lo que creíamos que gustaría a los demás, para ir liberando ese bloqueo energético que impide que una nueva actuación se produzca.

Durante el proceso pueden surgir recuerdos, ideas, que irán precisando como hemos construido el pilar en el que se apoya nuestro conflicto y que, mediante el golpeteo continuo en los puntos de acupuntura, se irá disolviéndo.

Si quieres cambiar tu manera de vivir – vivirte, Tapping/EFT te ayuda.