Durante una conversación dos amigos comentan sus opiniones sobre la actuación de un tercero:

– La verdad, no venía a cuento esa respuesta, nos dejó a todos cortados. Parecía que tenía miedo y se estaba defendiendo, se le notaba hasta en la cara, la tenía tensa y asustada. Ya se sabe que no hay mejor defensa que un buen ataque. Así mantiene las distancias y nadie puede hacerle daño.

– Decir que “tiene miedo” es explicarlo en negativo, yo prefiero decir que “tiene falta de amor”.

¿ES EL MIEDO FALTA DE AMOR?

Cuando amas no puedes sentir miedo, es lo uno o lo otro, pero nunca las dos cosas a la vez. Por eso la manera de eliminar de nuestra vida el miedo es llenándola de amor. Así como para quitar la oscuridad de una habitación utilizamos la luz, para dejar de temer hemos de aprender a amar. La oscuridad es una ausencia, no tiene entidad propia y no podemos actuar sobre ella directamente. De la misma manera no podemos coger el miedo y expulsarlo, sino que tenemos que sustituirlo por amor. Si el amor no fluye, aparecerá el miedo.

El miedo es un recurso de la inteligencia, que lo utiliza en nuestro beneficio para protegernos, y en ese sentido hemos de darle valor. Es cuando se convierte en director de nuestra vida cuando tenemos que recolocarlo y cambiar el binomio “miedo-dependencia” a “miedo-aliado”. Y lo podemos hacer llamando al amor en nuestra ayuda.  (Ver mi artículo “El miedo, ese benefactor en nuestra vida”).

Lo opuesto al amor es el miedo, aunque siempre se ha considerado que lo contrario del amor es el odio. Y es que el odio es una forma de amor, no su opuesto. Es la frustración por no poder tener aquello que se ama. Si no lo amaras no lo odiarías. Cuando odias a una persona es porque tiene o representa algo que tu quieres tener y que te ha negado (su amor como pareja, su atención como amigo, su valoración en el trabajo, el reconocimiento y la aceptación de tu presencia…).  Así, amor y odio hablan de lo mismo, mientras que amor y miedo se excluyen mutuamente.

El miedo tiene muchas caras. Lise Bourbeau, en su libro sobre las cinco heridas del alma, distingue los siguientes tipos de miedo:

  • Miedo a sentir pánico y paralizarnos, con lo que huiremos de la situaciones y querremos pasar desapercibidos.
  • Miedo a la soledad, con lo que haremos cualquier cosa para tener y conservar a la gente a nuestro lado.
  • Miedo a ser humillado, cuando nos avergonzamos de nosotros mismos y tememos que los demás también lo hagan y nos humillen. Y por lo tanto, miedo a la libertad, ya que si la tenemos podemos equivocarnos y ser víctimas de las miradas y críticas de los demás.
  • Miedo a la disociación, la separación y la negación, cuando tememos ser traicionados; vivimos cualquier separación de nosotros o cualquier negativa que nos den, como una traición.
  • Miedo a ser injusto, y por lo tanto miedo a la frialdad, al asociar el ser frio con ser desalmado, lo que implicaría una injusticia.

Sí, tenemos miedo por todas partes, que nos coarta la creatividad, la expresión, nos limita y nos encierra. Pero si el miedo es un problema en nuestra vida, es en realidad con el amor con quien tenemos el problema. Tenemos que abrirle la puertas.

El proceso para incorporar el amor a nuestra vida pasa por empezar a amarnos a nosotros mismos, lo que nos permitirá a su vez el poder amar a los demás. Y amarnos a nosotros mismos significa darnos el derecho a ser como somos ahora, aceptar que hacemos cosas que no nos gustan, incluso que hacemos esas cosas que no admitimos y reprochamos a los demás. Es no acusarnos cuando nos equivocamos, porque tenemos derecho a hacerlo.

Amarnos es concedernos el derecho de herir a los demás. Aunque esto suena fatal y parece todo lo contrario al amor que estamos buscando, si lo hacemos, nos será más fácil conceder a los demás ese mismo derecho. Comprobaremos como esas actitudes, paradójicamente, cada vez las haremos menos. Y cuando los demás lo hagan, nos producirá menos dolor y tendremos una visión más amplia de lo que está pasando.

Amarnos es poder elegir no hacer algo que consideramos necesario, que desde todo punto de vista es lo mejor para nosotros, pero que si lo hacemos nos va a producir un dolor que no estamos preparados para soportar. Podemos postergar esa decisión, por amor hacia nosotros mismos, mientras trabajamos nuestra fortaleza, nuestra seguridad, o conseguimos los medios que necesitemos para realizarlo.

Hay muchas y magníficas técnicas para trabajar con los miedos (entre las que ocupa un lugar destacado la técnica de Tapping/EFT), para conocerlos y superarlos, y el amor hacia nosotros mismos es la base, el respaldo, lo que nos permitirá alcanzar el objetivo de ser felices.

 

Amarnos es mirarnos y dejar que el corazón sonría.

Mercedes Bartolomé