ESPECIALIZADA EN SER FANTASMA

Si no me ve, si no se da cuenta de que estoy, me libro de quitar la mesa. Jeje, algo tan sencillo y cuela siempre. Estoy rodeada de simples.

“Mira que listilla, como se busca la vida”. Esto lo podríamos pensar cualquiera que viéramos a Lua escaquearse de recoger la mesa. Pero miremos un poco más.

Lua juega con su perro, se lo pasan realmente bien. Se oye una voz: “niños, hay que sacar al chucho, que no lo tenga de decir dos veces”. Y mágicamente Berta está en la ducha. Mira que lista… Y que rápida.

Es por la tarde y la mamá de Lua propone ir a comprar la cena y terminar en el parque, en la zona de los columpios donde se juntan tantos niños. Lua piensa en el peso de las bolsas, de las muchísimas bolsas que su madre les hace acarrear cada vez que les lleva a comprar dos cositas de nada. Saca su mejor voz lastimera y suplica: Mami, me encuentro un poquito mal, ¿me puedo quedar en casa…? porfi, porfi, porfi. Su madre piensa, pobrecita, habrá cogido frío, no quiere ni ir al parque. Le da dos besos y arrastra a sus malhumorados hermanos con ella, camino del super.

Lua ha crecido, y su fama de escaquearse en el trabajo le hace tener algún que otro conflicto. Los compañeros están organizando la cena de Navidad y no le hacen partícipe. Le van a invitar, claro, no les queda otra, pero ya se encargará ella de inventarse una excusa para no ir. Más vale estar sola que mal acompañada. Además va a cambiar de trabajo dentro de poco, y ya no merece la pena intentar un acercamiento con semejantes petulantes.

Y así, ejemplo tras ejemplo, vemos como la vaga de Lua va quedando aislada.

Pero volvamos al comienzo, está vez provistos de nuestra lupa mágica de 1000 aumentos.

Lua no quiere quitar la mesa. Nuestra lupa nos muestra la cocina, y en ella la asistenta que ayuda en casa posa su mirada sobre Lua de modo despectivo. Lua no sabe porqué lo hace, pero seguro que ha hecho algo mal. La asistenta tampoco sabe porqué lo hace, pero el efecto que su mirada causa en Lua le parece fascinante y divertido. Y se siente poderosa. Necesita sentirse poderosa en algún momento de su vida, y Lua se lo proporciona. Total es un simple juego que no va a ninguna parte.

Y cuando saca al perro… siempre se encuentra a esas malditas bestias que se tiran sobre su mascota como si la quisieran devorar. Menos mal que van atadas. Pero aún así, su perro mete el rabo entre las patas y queda aterrorizado. Y ella no le puede defender. No puede evitar el miedo que pasa. Ojalá que no le tuviera que sacar, con ella está perdido.

¡Ay el parque!, ese maldito parque al que su madre se empeña en llevarles. ¿No ve que nadie quiere jugar con ella? Si no se pusiera a hablar con sus amigas y la mirara, vería que está sola, y también vería que la panda de los cretinos sólo se acercan para molestarla. Ojalá pudiera pararles los pies, pero no sabe cómo. No quiere ir a ese maldito parque.

Por la lupa pasan imágenes e imágenes de situaciones conflictivas que Lua no sabe resolver, y ante las cuales ha tenido que huir para protegerse. Y muy a su pesar se ha especializado en el escaqueo como forma de evasión. No es consciente de ello, porque actúa así sin haberlo decidido, sino que ha sido una manera que su subconsciente le ha proporcionado. Se siente mal cuando le llaman vaga y egoísta, y realmente no entiende porqué lo dicen. Claro, es un diálogo de besugos, no hablan de lo mismo.

Esté sufrimiento que Lua vive de manera cotidiana puede llevarle a buscar su solución. Entre las técnicas de que disponemos destaca la de Tapping/EFT, que nos permite ver y disolver esos mecanismos de defensa que hemos creado. Son mecanismos que en su origen nos protegieron, pero que podemos modificar cuando ya no nos son válidos. En su lugar, Tapping/EFT permite desbloquear nuestra fuerza para resolver las situaciones que nos encontremos. 

La vida de Lua puede cambiar si elimina el bloqueo energético que le impide utilizar las respuestas adecuadas que todos tenemos dentro.

Si necesitas realizar modificaciones en tu vida, Tapping/EFT puede ser tu aliado.

Mercedes Bartolomé